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Alumnos Sordos, Aprender Con “libros Sin Páginas”

Alumnos sordos, aprender con “libros sin páginas”

Los estereotipos y la falta de accesibilidad merman la igualdad de oportunidades del alumnado sordo, según la CNSE. Varios jóvenes sordos narran cómo es su día a día en el aula y piden respeto por sus derechos.

Varios jóvenes con sordera han participado en un vídeo promovido por la CNSE (CJS-CNSE) para reclamar a la administración educativa que se garantice una igualdad de oportunidades real para el alumnado sordo.

En unos momentos de incertidumbre ante el próximo curso, así lo reivindican varios estudiantes de secundaria y educación superior en una campaña informativa sobre los derechos educativos del alumnado sordo, que “parte del respeto a la diversidad de estas alumnas y alumnos como primer paso para su cumplimiento”.

“Queremos que la comunidad educativa conozca nuestra realidad, que nos escuche, y que tome conciencia de una vez, que su deber es asegurar nuestro acceso a la educación” explica Marcos Pérez, presidente de la Comisión de Jóvenes Sordos de esta entidad, que apunta a que “se sigue menospreciando a las lenguas de signos”.

Una de las jóvenes que participan en la campaña, Paula Bak, pide para el alumnado sordo una dotación suficiente de intérpretes de lengua de signos y de las ayudas técnicas que precisen, sin que optar por unas impida el acceso a las otras. “Uso audífonos, pero necesito igualmente intérprete de lengua de signos” comenta. En la misma línea se pronuncia su compañera Candela Alcaraz que asegura que en el instituto “daban por sentado que no me hacía falta intérprete por el hecho de llevar implante coclear”.

Intérprete de signos todo el día lectivo

Sin embargo, todos ellos coinciden al reclamar la presencia de intérpretes de lengua de signos desde el primer día del curso, y tal y como apunta Laura López, durante todas las horas lectivas: “Han llegado a decirme que sólo me ponían intérprete tres horas al día, cuando mi horario lectivo es de seis”. Una decisión que rechaza Nacho Portilla: “Del mismo modo que una persona no puede entender en su totalidad un libro al que le han arrancado páginas, un estudiante sordo no puede seguir al cien por cien la clase sin intérprete de lengua de signos”.

Al respecto, evidencian que hay mucho desconocimiento acerca de la labor de estos profesionales, y que no son pocos los docentes que desconfían de su presencia en determinadas situaciones, como, por ejemplo, un examen: “Necesitamos al intérprete para saber qué está pasando, qué dice el profesor, o por si tenemos alguna pregunta”, defiende la alumna sorda Aleluya Peña.

Obstáculos idiomáticos

También son numerosas las barreras que surgen a la hora de estudiar un idioma extranjero. Ya sea por la ausencia de intérpretes como denuncia Berta Viñas, a la que le obligaron a cambiar el inglés por clases de logopedia, como debido a la falta de uniformidad en los criterios que deben aplicar los centros a la hora de examinar a un estudiante sordo de una lengua extranjera.

“Al ser personas sordas, no es lógico que nos exijan que cumplamos ciertas competencias; como tampoco lo es que por el hecho de no tener que cumplirlas, nuestra titulación en materia de idiomas pueda carecer del mismo valor que la del resto”, explica el presidente de la CJS-CNSE, que recuerda que alcanzar el nivel B1 es un requisito para obtener un grado y optar a una beca Erasmus. “Con las adaptaciones necesarias, aprender un idioma no supone ningún hándicap para nosotros”, aclara.

Prejuicios

Otro aspecto al que se enfrentan estos jóvenes son los prejuicios y estereotipos acerca de las personas sordas. Así lo cuenta María José, que de pequeña quería estudiar medicina, y lo ratifica Berta, interesada en cursar psicología. “No lo veían viable por el hecho de ser personas sordas”. También critican que no siempre se les permita elegir cómo quieren comunicarse. “En una ocasión, una de mis profesoras me dijo que no necesitaba la lengua de signos porque hablaba muy bien” explica Aleluya Peña, a lo que Berta Viñas interpela que, durante una exposición en clase, le amenazaron con suspenderla “si no utilizaba la lengua oral”.

Una práctica que según afirma el presidente de la CJS-CNSE “además de comprometer la comunicación bidireccional propia del entorno educativo, atenta al reconocimiento de la identidad cultural y lingüística de las personas sordas a la que alude la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, dando lugar a posibles situaciones de aislamiento, desmotivación o abandono de los estudios que hay que evitar a toda costa”.

“Nada justifica que se ponga en peligro nuestro futuro académico y laboral”, reitera Pérez. “Exigimos a las administraciones educativas la implementación de los recursos humanos y técnicos necesarios para nuestra formación para que, de cara al próximo curso, ninguna alumna ni alumno sordo se quede atrás”.

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