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Si las PYMES quieren sobrevivir, van a tener que adaptarse

La salud de la economía y el futuro de las pequeñas y medianas empresas pasan por una actitud proactiva

Salud y economía suelen ir de la mano, máxime en un periodo en el que la pandemia ha puesto todo en jaque. En 2020 muchas empresas y organizaciones tomaron decisiones estratégicas de forma reactiva, como respuesta inmediata a los efectos derivados de la crisis sanitaria. Este año 2021 será, sin embargo, el de la reflexión y el de la actitud proactiva, en el que deberán analizarse a fondo los cambios necesarios para poder manejar de forma inteligente la incertidumbre y la nueva deriva económica.

Por ejemplo, en un campo como la energía, básico para el resto de sectores, los impactos de la COVID-19 han cambiado permanentemente las curvas de demanda y el camino hacia la recuperación sigue siendo incierto. Según la nueva investigación de McKinsey & Company “Perspectiva Energética Gñobal 2021”,  la demanda de energía regresará a los niveles de 2019 antes de cuatro años, pero nunca volverá a su curva de crecimiento anterior a la pandemia. Asimismo, la demanda de electricidad y de gas se recuperarán más rápido que la de petróleo, pero el carbón nunca volverá a los niveles de demanda anteriores.

Es solo un botón de muestra de un contexto económico-sanitario para el que la consultora Watch&Act propone cambios empresariales manteniendo el foco en las personas. “En el nuevo escenario no vale con buscar la eficiencia: hay que competir para ganar, y para ello hay que preparar a la organización para aprovechar las oportunidades, generar valor -y no solo económico- y ser diferencial. En ese proceso el trabajador es fundamental, y su relación con la empresa ha cambiado. Los empleados son nuestros stakeholders, y debemos tratarlos como a nuestros accionistas. Saber canalizar su motivación, su compromiso y su talento será imprescindible para el futuro de la compañía”, sostiene Luis Fernando Rodríguez, CEO de Watch&Act.

Momento de adaptarse

Un nuevo marco económico y empresarial en el que las pymes van a tener que mantener una actitud proactiva y flexible, porque en el último año todo ha cambiado drásticamente y es momento de adaptarse y buscar nuevas oportunidades.

En el sector de la inclusión podríamos poner diversos ejemplos de proactividad, como los 31 proyectos de emprendimiento impulsados por personas con discapacidad que han recibido el apoyo de Fundación ONCE a través del programa Por Talento Emprende, que fomenta el autoempleo y la integración laboral de las personas con discapacidad.

Entre los proyectos aprobados figuran la creación de una marca de ropa, un emprendedor que diseña dispositivos para pasar de una silla de ruedas manual a eléctrica, Servicios de copywriter especializado en turismo rural y sostenible y un Servicio de formación y acompañamiento en lengua de signos, especializada en catalana, entre otros.

“Tomar la iniciativa”

Por consiguiente, la actitud proactiva es prioritaria en estos momentos. Según Emilio Valcarcel, autor del libro “Proactividad y foco extremo”, “ser proactivo significa tomar la iniciativa para mejorar las circunstancias actuales; implica desafiar al status quo en lugar de adaptarse pasivamente a las condiciones actuales”.

En su opinión, “no es casualidad que las personas proactivas tengan más éxito que las demás. Es una característica que comparten los emprendedores, los profesionales más valorados, y la gente más feliz que conoces. El que es proactivo asume la responsabilidad sobre su propia vida, y se enfoca en sus decisiones y en sus acciones, más que en sus limitaciones. Los seres humanos hemos venido al mundo para actuar, no para que actúen sobre nosotros”. Unos parámetros que han de ser claves para la salud de las PYMES en este recién estrenado año.

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