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Un Balonazo Que Salvó La Vida Al Sucesor De De Gea

Un balonazo que salvó la vida al sucesor de De Gea

Gonzalo Blanco Contreras era uno de los porteros del Atlético de Madrid con más proyección. Tras un balonazo fortuito en  la cabeza, le descubrieron dos tumores que ha superado con éxito. Ahora, tras ganar el partido más importante de su vida, se ha especializado en Gestión Deportiva y entrena a niños.

De no ser por el destino, probablemente en estos momentos Gonzalo sería un futbolista de primera línea, compitiendo por ser titular con Jan Oblak en el Atlético de Madrid o quién sabe si jugando en la Premier League inglesa.

En las islas británicas están precisamente los porteros a lo que estaba llamado a suceder en el club rojiblanco, David De Gea y Joel Robles, guardametas del Manchester United y el Everton, respectivamente.

Su vida deportiva estaba llamada a estar bajo los focos de los medios de comunicación, pero un balonazo echó todo por tierra. En 2009, cuando tenía todo el futuro ante él, durante un entrenamiento, le dieron con la pelota en la cabeza. Los mareos y el malestar que padecía como consecuencia de ello le hicieron ir al hospital. La sorpresa mayúscula e inesperada fue cuando le comunicaron que tenía dos tumores cerebrales.

Ese día se truncaron todos sus anhelos deportivos, pero comenzó el partido más importante de su vida, luchar contra una grave enfermedad que le acabaría convirtiendo en un ejemplo de tenacidad, que ahora cuenta a Vidas Insuperables.

 

Portero de casualidad

La historia de Gonzalo Blanco es similar a la de tantos críos que sueñan con ser futbolistas de Primera División. En su caso, por azar de la vida descubrió que lo suyo era defender la portería.

“Es curioso porque yo nunca pensé en ser portero  Mi hermano – Cristóbal- y el hermano de Koke (jugador internacional imprescindible en Atlético de Madrid del Cholo Simeone) entraron juntos en el Atleti. Durante sus entrenamientos, Koke y yo jugábamos para divertirnos. Un día a Koke le regalaron una camiseta del Atleti y yo también le pedí una a mi madre, que sin preguntarme me compró una del que entonces era cancerbero del Atleti. Molina. Desde ese día, sin saber cómo, comencé a ser portero”.

De hecho, al poco después, tanto Gonzalo como Koke entraron juntos en los Benjamines del Atleti. A partir de ese momento, comenzó una larga trayectoria en todas las categorías del club colchonero, granjeada de éxitos.

Gonzalo iba ascendiendo cada año un peldaño. Su autoridad y veteranía en el campo le hacían ser casi todas las temporadas el capitán. Jugaba los mejores torneos de su edad. Era elegido mejor portero en mucho de ellos. Acumulaba experiencia y trabajo para seguir la exigente carrera de deportista profesional. “Fueron unos años muy bonitos. Recuerdo con especial ilusión el torneo de Canal Plus de Brunete o uno internacional en Portugal, así como temporadas muy exitosas como las dos que me dirigió Armando de la Morena”, asegura.

Con 16 años ya comenzó a subir a entrenar de manera esporádica con el primer equipo. “Recuerdo que estaban Leo Franco de portero y el mexicano Javier Aguirre de entrenador. Cuando llegué, Leo bromeó con el entrenador de porteros porque decía que me parecía mucho a Dani Martín, el vocalista de El Canto del Loco”.

Todo parecía ir sobre ruedas. Tenía todo el mundo por delante y el club tenía puestas en él grandes expectativas deportivas. Cuando Gonzalo tenía 18 años, los dos porteros del primer equipo, Sergio Asenjo y Roberto se lesionan sucesivamente y David de Gea, entonces en el Atlético de Madrid B, y Joel Martínez, en el Atlético de Madrid C, saltan inesperadamente a la primera plantilla colchonera.

Por edad y proyección, Gonzalo Blanco era el siguiente para su promoción interna. Pero el destino se cruzó en su camino. En diciembre de 2009, en un entrenamiento, de manera fortuita, recibe un balonazo en la cabeza.

“La verdad es que llevaba varios meses en los que los entrenamientos me agotaban, bebía hasta 12 litros de agua al día. Me habían hecho pruebas de todo tipo, pero no detectaban nada. Pero cuando recibí ese balonazo, al regresar a casa, me sentí realmente mal. Mi padre y mi madre – Antonio y Soledad – me llevaron al hospital y tras varias pruebas me detectaron dos tumores cerebrales”, explica.

Lo primero que pensó fue en el fútbol. “Era mi pasión y mi vida. Pregunté si podría volver a jugar al fútbol, pero con el paso de los meses yo mismo me di cuenta de que era un reto imposible, ya que la enfermedad me dejó afectada la mitad de mi cuerpo. Pasó mucho tiempo hasta que lo acepté, pero era evidente que las sensaciones de mi cuerpo no me permitían jugar”.

Durante esos meses tan largos y duros,  el mundo del fútbol se volcó con él, desde el club hasta sus compañeros. Pero Gonzalo sabe que no hubiera podido superar esa situación sin su familia, que, en paralelo, padeció otro mazazo con la detección y operación de un cáncer también a su hermano. “Mi madre perdió 25 kilos. Se pasaba de lunes a viernes en la habitación, conmigo, lo que nos ha hecho tener un vínculo muy especial. Mi padre no se movía de mi lado de viernes a domingo. Sin ellos no lo hubiera podido superar”.

Grado en Gestión Deportiva

En ese contexto, al superar la enfermedad, comenzó a reconvertir su vida. “Tenía claro que necesitaba hacer cosas relacionadas con el mundo del fútbol”. En ese sentido, comenzó  a impartir sus grandes conocimientos como guardameta a niños y adolescentes en Dribling , una de las mejores  academias de tecnificación de futbolistas y porteros del país. “Me encanta enseñar e intentar trasladar lo que yo fui aprendiendo a lo largo de los años, aunque reconozco que soy bastante exigente y me gusta mucho la disciplina”, detalla, a la vez que agradece cómo se han portado con él en esta academia.

En paralelo, Gonzalo ha formado parte de la segunda promoción de la historia del Grado de Gestión Deportiva de la Universidad Europea. Tras hacer 9 meses de prácticas, precisamente, en el club de sus amores, el Atlético de Madrid, Gonzalo anhela “poder seguir vinculado al mundo del deporte”.

“No imagino mi vida alejado del fútbol, aunque estoy agradecido a la vida. Es cierto que se me truncó mi carrera futbolística, pero ese balonazo me salvó la vida”, asegura Gonzalo, un gran ejemplo de superación a sus 26 años de edad.

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