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Miguel Ángel Gavilán, Escalando Hacia La Inclusión
Fuente: Miguel Á. Gavilán.

Miguel Ángel Gavilán, escalando hacia la inclusión

Miguel se define a sí mismo como una persona con ganas de hacer actividades en la vida, con ganas de vivir. Su recorrido como alpinista lo demuestra. Tras un accidente laboral, por la explosión de una granada, tuvieron que amputarle una mano. Ocho años después volvió a la montaña para superarse a sí mismo y para ayudar a los demás. Su historia, en Vidas Insuperables.

Fuente: Miguel Á. Gavilán.

Alpinista, guía de montaña de personas con discapacidad psíquica, sensorial y física, profesor en el Centro de Formación de Esquí y Montaña Madrileño, fundador de Montañeros sin Barreras y director de la Escuela Municipal de Montaña Adaptada de Guadarrama. Como podemos observar, Miguel Ángel Gavilán es una persona entregada a la montaña, y sobre todo a los demás.

Sus inicios en la escalada fueron muy tempranos, a los once años. Todo comenzó con una mentira piadosa a sus padres. Les decía que salía con los ‘boy scouts’, pero en realidad quedaba con un amigo e iban juntos a La Pedriza, en Madrid, a caminar y a subirse por las peñas. A los trece, comenzó a descargar camiones para poder comprarse material de escalada con el dinero que ganaba.

Fuente: Miguel Á. Gavilán.

Cuando sus padres se percataron del material que acumulaba Miguel y le preguntaron por ello, no tuvo más remedio que decirles la verdad, que le encantaba escalar. Aunque no les gustaba la idea de que su hijo fuese escalador, le recomendaron que se juntase con gente experta y con experiencia, y empezaron a comprarle el material para que dejase de descargar camiones.

Aunque se apuntó a un club, duró poco tiempo. Se juntó en el barrio con varios amigos un poco más mayores que él y comenzaron a escalar juntos. “Nos llevaban un poco de conejillos de indias, comenzamos yendo a La Pedriza y alguna vez fuimos a Pirineos. Aquello por entonces era como hacer una expedición”, recuerda entre risas.

Cursó el bachillerato y opositó a la Academia General Básica de Suboficiales. Aprobó y estuvo ingresado en régimen interno. A los cuatro años de acabar su formación se incorporó a la milicia profesional y se diplomó en el Mando de Operaciones Especiales. En las prácticas continuó como profesor de esquí y de escalada con los soldados.

Un accidente con una granada le costó la mano

Fuente: Miguel Á. Gavilán.

Miguel sufrió un accidente en una actividad con explosivos y le tuvieron que amputar una mano. “Un chico activó una granada en un aula de las Islas Chafarinas. Pasé por la clase y cuando vi que la granada estaba echando humo la agarré y me la llevé. Me explotó cuando intenté deshacerme de ella en el cuarto de baño”, relata.

Tras el accidente, Miguel permaneció ocho años sin aparecer por la montaña. Cuando creía que no volvería a realizar actividades como la escalada, conoció a gente que le animó a volver al monte. Comenzó de nuevo y se dio cuenta de que podía seguir practicando el deporte que tanto le gustaba.

Desde entonces, ha llevado a cabo 26 expediciones prácticamente por todos los continentes, por casi todas las cordilleras. “Ha sido algo único, he visto sitios increíbles, he conocido culturas diferentes y, sobre todo  he podido organizar, dirigir, guiar y compartir estas experiencias con otros alpinistas con discapacidad”. Estas ganas de compartir con los demás, le llevaron a fundar hace 10 años lo que hoy se conoce como la asociación Montañeros sin Barreras.

Fuente: Miguel Á. Gavilán.

“Quería ayudarles a alcanzar metas”

El alpinista colaboró un tiempo como guía acompañante con la ONCE. “Guié a un sordo y a un ciego en el Mont Blanc, y colaboré también para ascender el Kilimanjaro”. Tras esta experiencia comprendió que había más tipos de discapacidades y que él podía poner en manos de los demás su experiencia tanto profesional como personal

Desde ese momento, se propuso comenzar una formación y adquirió los conocimientos necesarios para trabajar en la montaña con personas con diferentes discapacidades, tanto físicas como intelectuales.

Desde que se fundó Montañeros sin Barreras, han estado en lugares tan increíbles como el Himalaya, en Alaska, los Andes, el Cáucaso, los Alpes o  África. “Siempre intentamos incorporar a personas con discapacidad en el mundo de la montaña. El Mont Blanc lo hemos intentado subir con una chica con discapacidad intelectual. Y a nivel nacional hacemos actividades con personas autistas”.

“Psicológicamente me he encontrado al límite en algunas ocasiones”

Fuente: Miguel Á. Gavilán.

Miguel se ha visto superado en ocasiones en que la propia montaña le ha puesto muy al límite. Se ha enfrentado a grandes montañas con una dificultad técnica y a paredes a cinco mil metros de altura, todo esto con una sola mano. A esto hay que añadirle que es el encargado de organizar y llevar consigo a otros compañeros discapacitados, lo que le supone una gran carga de responsabilidad.

A pesar de todo, se queda con lo más básico. Con el momento en que unos padres, tras haber visto algún trabajo suyo en televisión, se acercan y le preguntan si su hijo podría subir a Peñalara (Madrid). “Es muy importante ser una referencia, animar a las personas a hacer cosas que jamás pensarían que son capaces de hacer”.

Frente a todos estos recuerdos, Miguel guarda uno con especial cariño, y es el haber ascendido el Mera Peak en 2017 con su hija. Convivió durante el mes que duró la expedición con ella y reconoce que fue un sentimiento único el poder compartir su mayor afición, su filosofía de vida, con su hija pequeña.

Fuente: Miguel Á. Gavilán.

A día de hoy, continúa organizando una o dos expediciones al año, pero se dedica fundamentalmente a la docencia. Hace cuatro años, el Ayuntamiento de Guadarrama, inició el proyecto de la Escuela Municipal de Montaña Adaptada, la cual dirige Miguel. Cuenta con cuarenta alumnos de entre cinco y trece años, y su principal objetivo es, junto a sus técnicos, hacer disfrutar de la montaña a personas con discapacidad.

A pesar de dedicarse a la docencia, Miguel sigue soñando con alcanzar un ocho mil. “Me gustaría que un discapacitado español alcanzase una cumbre de ocho mil metros por primera vez”. Han estado muy cerca de conseguirlo en dos ocasiones, pero las condiciones climatológicas se lo impidieron.

El alpinista sabe que los sueños se cumplen, y que a base de esfuerzo y dedicación podemos hacer más cosas de las que parece. Para él lo fundamental es que las personas discapacitadas no cesen nunca y que le echen ganas porque la victoria reside en el esfuerzo. “En la vida debemos tener siempre un sueño, un objetivo y esforzarnos por conseguirlo. Es lo que más gratifica, el esfuerzo, luego vendrá la meta o no vendrá, pero lo importante es lo que has ganado en el camino”.

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